Recuerdo del  X Aniversario de la Beatificación de Narcisa de Jesús Martillo y Morán
Beata Narcisa de Jesús Martillo y Morán, Santuario de Nobol. (Foto personal Cecill Torres Villar, © www.oremosjuntos.com - www.narcisadejesus.com) Septiembre 2006
Juan Pesántez Peñaranda, primer milagro. (Foto archivo de www.eluniverso.com)
Narcisa de Jesús, Incorrupta
Juan Pesántez Peñaranda, primer milagro. (Foto archivo de www.eluniverso.com)
Primer Milagro atribuido por la intercesión de Narcisa de Jesús
Juan Pesántez Peñaranda es un hombre solitario. Nunca se casó y tampoco conoce sus orígenes familiares porque a los nueve meses fue regalado a una pareja en Gualaceo, la que a los 10 años abandonó para ir a trabajar en las bananeras de Pasaje, en El Oro.

Allá fue donde se golpeó la frente con un tallo de plátano, lo que le originó varios tumores. Pero en 1967, tras repetidas intervenciones quirúrgicas que no le ayudaron a superar el mal que padecía, recibió “la sanación de Narcisita”, dice, mientras limpia los pasillos del colegio La Inmaculada, de Guayaquil, donde trabaja por más de tres décadas.

Tenía algo más de 20 años y muchos le decían que pida un milagro.
Pero él no creía. “Solo tenía fe en un Dios lejano”, dice, y cuenta que un día, mientras estaba en el hospital Luis Vernaza, se le acercó un policía quien le sugirió que le escriba a “Narcisita, que era milagrosa, pero le dije que no creía en eso y me quedé dormido”.
Sin embargo, mientras descansaba tuvo un sueño. Ahí habló con ella y le dijo: ‘Narcisita, si es de curarme, ¡cúrame!, sino ¡llévame!’. “Y me respondió ‘te vas a curar. Anda ponle una velita a la Virgen’. Cuando me desperté conté a todos que me iba a sanar, pero la mayoría pensaban que la enfermedad me había vuelto loco”.

El milagro que curó el cáncer de Juan Pesántez aportó a la beatificación para Narcisa.
En 1940, El Vaticano reconoció el primer milagro cuando hizo que un tumor desapareciera.
Narcisa de Jesús alcanzó la beatificación el 25 de octubre de 1992, después de que la Santa Sede consideró un milagro la sanación de cáncer del agricultor Juan Bautista Pesántez Peñaranda, ocurrida en noviembre de 1967.
El milagro que apoyó la beatificación de la Violeta de Nobol

“Muchos son los llamados y pocos los escogidos”, reza un pasaje bíblico. Juan Pesántez Peñaranda dice creer fielmente en ese mensaje. Su historia es parte del proceso que consiguió la beatificación de Narcisa de Jesús Martillo Morán, patrona de Nobol.

Iniciaba la década del 60 y Juan vivía en Pasaje, cantón de la provincia de El Oro.
Se dedicaba a las tareas del campo. Justamente, en una de esas jornadas diarias, el tallo de una planta de banano le golpeó la frente.

El hombre de manos gruesas y de mediana estatura recuerda con nostalgia ese momento. “Tenía un tumor en la frente porque no me sangró la herida. Un doctor me operó, me rompió el tabique, pero no me curé. Necesitaba un billete (dinero) para operarme en Guayaquil...”.

Una monja lo ayudó a trasladarse desde Pasaje a Guayaquil. Era Jueves Santo y fue internado en el hospital Luis Vernaza. Lo sometieron a varias intervenciones quirúrgicas, pero el diagnóstico final no fue halagador. “Me desahuciaron con cáncer”, cuenta sin perder de vista los carros que hoy cuida en una calle al sur de Guayaquil.

Fue un policía quien, al oírlo lamentarse en una de las salas del Vernaza, se le acercó para decirle: “Escríbele una cartita a Narcisita, ella es milagrosa, te va a sanar”. Algo incrédulo, Pesántez dice que olvidó la sugerencia del uniformado.

Sin embargo, esa misma noche él asegura que tuvo un sueño. “Como que me vino una revelación. La vi y le dije Narcisita, si es de curarme, ¡cúrame!, sino ¡llévame!”.

De ese contacto con Narcisa de Jesús Martillo surge una de las tantas historias de sanación que se le atribuyen a la “Violeta Noboleña”, como le dicen los devotos.

El caso de Juan fue determinante en el estudio que hacía la Iglesia Católica en Roma para conceder la beatificación de la joven que nació en 1832 y que después de su muerte, en 1869, empezó una historia de favores religiosos.

Una comisión médica del Vaticano revisó el caso de Pesántez y en 1991 lo calificó como “un milagro de curación de Narcisa de Jesús”. Y el 25 de octubre del año siguiente,  en la Plaza de San Pedro en Roma, el Papa Juan Pablo II oficializó la beatificación.
Desde entonces, otras reseñas han surgido. Monseñor Plácido Muñoz, párroco de Nobol, también se considera uno de los “elegidos”.

Cuando era pequeño padeció una sinusitis agresiva. “Pero a Dios gracias, cuando su cuerpo (el de la beata) llegó a Guayaquil desde Perú, mi madre con profunda fe le pidió que interceda por mí. Me curó porque me quería sacerdote”, sostiene con devoción.

En 1993, ya convertido en religioso, asumió la Parroquia del cantón e inició una campaña para construir los altares del camino que conduce a la hacienda San José.
Publicado: Octubre 24, 2004
Silvia Conforme, para
EL UNIVERSO
Monseñor Plácido Muñoz Macías
‘Juanito’, 39 años después
Juan Pesántez Peñaranda es un hombre solitario. Nunca se casó y tampoco conoce  sus orígenes familiares porque a los nueve meses fue regalado a una pareja en Gualaceo,  la que a los 10 años abandonó para ir a trabajar en las bananeras de Pasaje, en El Oro.

Allá fue donde se golpeó la frente con un tallo de plátano, lo que le originó varios tumores. Pero en 1967, tras repetidas intervenciones quirúrgicas que no le ayudaron a superar el mal que padecía,  recibió “la sanación de Narcisita”, dice, mientras limpia los pasillos del colegio La Inmaculada, de Guayaquil, donde trabaja por más de tres décadas.
En ese lugar es muy conocido por religiosas, maestros y alumnas. Todos lo llaman Juanito y le tienen bastante aprecio. Pero ese no es el único trabajo que le sirve de sustento a este hombre que vive en el suburbio guayaquileño. También cuida casas de gente conocida y cumple labores de limpieza en otras viviendas.

A Juan le gustan mucho  las comidas típicas. Pero siempre evita ingerir grasas por temor a que se le suba el colesterol. Cuando eso le sucede  prefiere someterse a rigurosas dietas naturales, que incluyen “jugos amargos hechos con varios vegetales”, expresa, pues detesta tomar las medicinas que le recetan los médicos.
Cuenta que tras la sanación, que recibió a los 20 años, su fe en Dios creció, porque “antes lo veía muy lejano”. Llegó a ser de la corriente carismática, pero un día discutió con un sacerdote extranjero  recién llegado al país y se alejó de ese grupo religioso.  Sin embargo, va regularmente a  misa y visita con frecuencia  la iglesia  San José, en Guayaquil, donde estaban los restos de Narcisa cuando él superó el cáncer.

A veces, cuando tiene algo de dinero, viaja a Nobol “para agradecerle a la Narcisita. Por ella tengo buena salud”, expresa.